Hoy tuve el privelegio de testificar en el Hospital. mientras hablaba de Dios a los pacientes tambien tenía la oportunidad de escuchar la historia de sus vidas, cada uno tenía una historia diferente, cada uno contaba momentos más felices de su vida y tambien los momentos más tristes de sus vidas. Algunas veces salían lágrimas de sus ojos y podia yo sentir el grito silencioso de sus corazones.
Entreviste a una persona especial. Su nombre es Albina tiene 33 años, dos hijas maravillosas y de profesión maestra de la escuela. Cuando quise entrevistarla. las enfermeras me dijeron que no hablaba, entonces me quedé parado como cinco minutos mirando otro paciente a quien podiera hacerla entrevista... pero al final me animé a saludarla y me respondió con una voz muy bajito. Despues de preguntar sus datos personales, pregunté sobre el motivo de su internacion al hospital.
Era muy feliz! dijo ella. Todo iba bien hasta que un día surgió problemas con mi esposo. El ya no me ama!... decía, mientras salian las lágrimas de sus ojos que no pudo contenerlos. Continuó... un día me esposo llegó a la casa y nos votó de la casa a mi y a mis hijas, entonces fue a vivir con mi hermana pero nada era igual, solo habían tristezas y momentos de oscuridad para mi vida... desde entonces no soy feliz, creo que estoy condenado a ser infeliz y morirme un día.
Ayer en la mañana mi esposo me acusó delante de mi madrina que era una malvada, que era quien había hecho de su vida infeliz y que todo fue mi culpa la de separación... y otras acusaciones más graves y desde ese momento ya no recuerdo nada, me dicen que me desmayé y que llegue al hospital a las 10 de la mañana de ayer y ahora dicen que tuve crisis nerviosa... entonces pregunté. Porqué no hablabas? Ella me digo: es que no quiero hablar con nadie, luego digo: no se... Entonces sugerí hablar con Dios a través de la oración y ella me agradeció y me prometió orar... y yo oré por ella.
Hay tanta genta en el hospital que necesita escuchar un mensaje de esperanza, de ánimo y de consuelo. pienso que hay personas que se mueren por esta necesidad de ser escuchado. Cada uno tiene un clamor silencioso en su interior, cada uno tiene problemas diferentes y sentimientos de culpa que les atormenta. Tenemos que llevar el mensaje de Cristo a los hospitales a los más necesitados.
por: Ricardo Mamani Cordero
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